Pequeños cambios, gran impacto: Practicar la empatía a través del sonder
Esta reflexión, escrita por Catherine Dennis, tiene como objetivo fomentar la empatía y la comprensión dentro de nuestra comunidad compartiendo una experiencia personal y presentando el concepto de «sonder».
Se nota que se acerca el cambio: caen las hojas, los días se acortan y las fiestas ya se dejan ver en las tiendas y los hogares de todo el valle. Sin embargo, en el Departamento de Educación Temprana, nuestro compromiso con los niños y las familias sigue siendo firme. Muchos miembros de nuestra comunidad se enfrentan a retos diarios, como el transporte, la inseguridad alimentaria, la inmigración, la vivienda, el empleo, la violencia doméstica o el abuso de sustancias. Estas dificultades suelen dejar poco margen para aliviar el estrés constante.

Hace poco descubrí una nueva palabra que me llevó a reflexionar más profundamente: «sonder». «Sonder» es la conciencia de los mundos invisibles que habitan en cada persona con la que nos cruzamos. Es la profunda comprensión de que cada persona a la que atendemos vive una vida tan intensa y compleja como la nuestra, moldeada por preocupaciones, ambiciones, rutinas, normas y experiencias únicas. Esta palabra me ha ayudado a cultivar una mayor empatía y compasión. Ha profundizado mi capacidad para reconocer la humanidad compartida y el valor inherente en cada persona. Aunque siempre he luchado por alcanzar esta conciencia, «sonder» me dio un momento para hacer una pausa y reconocerla de verdad.
Hace poco tuve la oportunidad de replantearme una situación gracias a esta nueva perspectiva. Mientras salía temprano de la oficina de Wenatchee, me encontré detrás de un vehículo que circulaba muy por debajo del límite de velocidad. El intenso tráfico en el carril contrario no me permitía adelantar, así que me quedé atrapado detrás de ese coche, que iba al menos entre 15 y 20 millas por hora por debajo del límite. Recordando la palabra «sonder», empecé a pensar en la experiencia del conductor. Quizás algo en su vida le había llevado a conducir más despacio. En lugar de frustrarme o pegarme a su parachoques, decidí responder con compasión. Me di cuenta de que el hecho de que yo me sienta cómodo conduciendo al límite de velocidad no significa que todos los demás lo estén.

Pequeños ajustes en nuestras respuestas, cuando nos detenemos a reconocer el «sonder», nos brindan la oportunidad de crecer. Esta conciencia refuerza nuestra capacidad para controlar nuestras reacciones, sentir curiosidad y tomar decisiones diferentes.
Mientras atravesamos esta época de cambios, os animo a que incorporéis el «sonder» en vuestras interacciones diarias con los niños, el personal y las familias. De este modo, podremos atender mejor sus necesidades específicas y fomentar un entorno más inclusivo para todos, lo que puede ser uno de los mejores regalos de estas fiestas.