Explicación de la autorregulación y la corregulación: cómo crear seguridad emocional en el hogar y en el trabajo
Esta obra, escrita por Catherine Dennis, tiene como objetivo fomentar la seguridad emocional en nuestros hogares y lugares de trabajo mediante el fortalecimiento de la conciencia de uno mismo y el refuerzo de un liderazgo firme.
La autorregulación es una de las habilidades de liderazgo y crianza más poderosas que podemos desarrollar. Es la base de la corregulación. Antes de poder tranquilizar, guiar y apoyar a otra persona, primero debemos ser capaces de mantenernos serenos.

La autorregulación consiste en tomar conciencia de lo que ocurre en tu interior. ¿Cuál es tu nivel de estrés actual? ¿En qué estado emocional te encuentras? ¿Cómo estás reaccionando? ¿Estás eligiendo tu respuesta o te estás dejando llevar por el impulso? La autorregulación es esa hermosa pausa antes de responder, la respiración antes de tomar una decisión y el tono sereno en lugar del tono agudo. No significa reprimir los sentimientos ni ignorar los retos. Significa gestionarlos con conciencia e intención.
Lo siguiente es la «corregulación». Es el proceso mediante el cual una persona regulada ayuda a otra a regularse. Así es como los niños aprenden a controlar sus emociones gracias a sus cuidadores. Padres, si lo primero que queréis es volver atrás, como me pasó a mí cuando descubrí esto, os entiendo. Es posible que os vengan a la mente todas esas rabietas por un vaso de leche derramado o esos momentos de desorden. No perdáis la esperanza. Hay formas de arreglar las cosas y volver a empezar.

No me pierdas de vista: la corregulación es también la forma en que los equipos se estabilizan bajo un liderazgo firme. Es la forma en que las aulas, los hogares y los lugares de trabajo se convierten en entornos emocionalmente más seguros y productivos.
Los niños imitan la regulación emocional de los adultos. El personal imita la regulación emocional de los líderes. Las personas se guían por el tono emocional que les rodea. Cuando un padre o una madre mantiene la calma durante una rabieta de su hijo, el sistema nervioso del niño tiene un punto de referencia estable con el que sincronizarse. Cuando un supervisor mantiene la serenidad en momentos de incertidumbre, el equipo se siente más seguro y puede pensar con mayor claridad. La regulación emocional es contagiosa en ambos sentidos.
Unas sencillas prácticas marcan una gran diferencia. Respira despacio, baja el tono de voz, presta atención a tu cuerpo, relaja la mandíbula y la postura, haz preguntas con curiosidad y tómate un momento antes de responder. Estas pequeñas acciones deliberadas transmiten a los demás una poderosa sensación de seguridad.

El objetivo no es la perfección, sino la coherencia y la conciencia. A todos nos pasa a veces que perdemos el control. Lo importante es darse cuenta y volver a encontrar el equilibrio. Cuando nos equivocamos, el hecho de rectificar supone una gran ayuda para un niño o un compañero de trabajo.
Cuando practicamos la autorregulación, nos convertimos en un punto de apoyo para los demás. Desde ahí, puede surgir una verdadera corregulación y una conexión auténtica.