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Enseñanza social católica

La Iglesia católica tiene una historia de enseñanza social que se remonta a siglos atrás y ofrece un reto convincente para vivir de forma responsable y construir una sociedad justa. La doctrina social católica moderna, arraigada en las Escrituras y articulada a través de una tradición de documentos escritos, ha evolucionado con el tiempo en respuesta a los desafíos de la época. Es el fundamento de la misión y los valores de Catholic Charities Serving Central Washington.

A continuación se presentan algunos de los temas clave que están en el corazón de nuestra tradición social católica.

Vida y dignidad de la persona humana

La Iglesia Católica proclama que la vida humana es sagrada y que la dignidad de la persona humana es el fundamento de una visión moral de la sociedad. Esta creencia es el fundamento de todos los principios de nuestra enseñanza social. Creemos que cada persona es preciosa, que las personas son más importantes que las cosas, y que la medida de cada institución es si amenaza o mejora la vida y la dignidad de la persona humana.

Llamada a la familia, la comunidad y la participación

La persona no es sólo sagrada, sino también social. La forma en que organizamos nuestra sociedad en la economía y la política, en el derecho y la política, afecta directamente a la dignidad humana y a la capacidad de las personas para crecer en comunidad. El matrimonio y la familia son las instituciones sociales centrales que deben ser apoyadas y fortalecidas, no socavadas. Creemos que las personas tienen el derecho y el deber de participar en la sociedad, buscando juntos el bien común y el bienestar de todos, especialmente de los pobres y vulnerables.

Derechos y responsabilidades

La tradición católica enseña que sólo se puede proteger la dignidad humana y lograr una comunidad sana si se protegen los derechos humanos y se cumplen las responsabilidades. Por lo tanto, toda persona tiene un derecho fundamental a la vida y un derecho a las cosas necesarias para la decencia humana. A estos derechos corresponden los deberes y las responsabilidades: entre nosotros, con nuestras familias y con la sociedad en general.

Opción preferente para los pobres

Una prueba moral básica es la situación de nuestros miembros más vulnerables. En una sociedad marcada por las profundas divisiones entre ricos y pobres, nuestra tradición nos enseña a dar prioridad a las necesidades de los pobres y vulnerables.

La dignidad del trabajo y los derechos de los trabajadores

La economía debe estar al servicio de las personas, y no al revés. El trabajo es más que una forma de ganarse la vida; es una forma de participación continua en la creación de Dios. Si se quiere proteger la dignidad del trabajo, deben respetarse los derechos básicos de los trabajadores: el derecho al trabajo productivo, a un salario digno y justo, a la organización y afiliación a sindicatos, a la propiedad privada y a la iniciativa económica.

Solidaridad

Somos una sola familia humana, independientemente de nuestras diferencias nacionales, raciales, étnicas, económicas e ideológicas. Somos los guardianes de nuestros hermanos, estén donde estén. Amar al prójimo tiene dimensiones globales en un mundo que se reduce. El núcleo de la virtud de la solidaridad es la búsqueda de la justicia y la paz. El Papa Pablo VI enseñó que "si quieres la paz, trabaja por la justicia". El Evangelio nos llama a ser pacificadores. Nuestro amor por todos nuestros hermanos y hermanas exige que promovamos la paz en un mundo rodeado de violencia y conflictos.

Cuidado de la Creación de Dios

Mostramos nuestro respeto por el Creador mediante la administración de la creación. El cuidado de la tierra es una exigencia de la fe católica. Estamos llamados a proteger a las personas y al planeta, viviendo nuestra fe en relación con toda la creación de Dios. Este desafío medioambiental tiene dimensiones morales y éticas fundamentales que no pueden ser ignoradas.